The other side of the Dniester
Una hoz y un martillo coronados por una estrella roja y un par de estatuas de Lenin presidiendo la entrada de edificios oficiales de Tiraspol, su capital, son lo primero que llama la atención al acercarse a Transnistria. Símbolos comunistas representados en banderas, escudo y monedas y su presencia constante en cada rincón. Pero son sólo eso, símbolos de un pasado histórico que lo vinculan con Rusia y lo distancian de Moldavia.
Los ciudadanos transnistrios han reafirmado en los numerosos referendos, convocados desde 1989 hasta 2006, su ánimo de declarar la independencia y pasar a formar parte de la Federación Rusa como asociación libre. Transnistria es tan capitalista como cualquiera de los estados que lo rodean. Pero los símbolos mantienen sujeto un relato que busca reafirmar su identidad y singularidad. A través de estos símbolos pretende alimentar las diferencias culturales, sociales y políticas que le diferencian del estado soberano de Moldavia.
Esto, sumado a las herramientas que dan sentido a una economía propia como: moneda, sistema parlamentario, presidente electo o sistema postal; símbolos al fin y al cabo; articulan este relato secesionista.
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